PODER: La Iglesia es un Milagro

November 22, 2017

PODER: LA IGLESIA ES UN MILAGRO, NADA SE LOGRARÍA SIN EL ESPÍRITU DE DIOS

Los invito a leer Juan 16:1-14; y Hechos 1:1-9 y a meditar acerca de otro de nuestros valores destacado con la letra P (de Poder) en nuestro acróstico C.O.M.P.R.U.E.B.A.

En su libro Poder de lo Alto, AB Simpson a quien Dios usó para iniciar lo que llegaría a ser La Alianza Cristiana y Misionera, escribió acerca de este pasaje que el verdadero peligro al que se exponía la iglesia naciente y que Jesús aborda con urgencia, no era que una vez él se fuera la iglesia emergente no hiciera nada, sino que era más bien que la iglesia intentara hacer algo. Es por eso que en lugar de instruirles, como lo habríamos hecho nosotros, a lanzarse al mundo en la empresa evangelizadora por medio de toda clase de técnicas motivadoras, les dice más bien: ¡esperen! En realidad les estaba diciendo - contengan todo ese entusiasmo que ha invadido cada fibra de su ser, a raíz de haberme visto resucitado.

Distinto a la mayoría de nosotros, esta gente no necesita ser motivada para la misión cristiana, ¡ellos han visto a Cristo vivo otra vez! Anímicamente estaban listos para comerse al mundo. Con sus propios ojos habían comprobado más allá de toda duda que Jesús estaba vivo. Por lo que Jesús tiene que advertirles decididamente que ni de chiste intentaran hacer algo, y que se dedicaran, de todas las actividades posibles ¡a esperar!  Ciertamente alguno muy bien pudo haber alegado, ¿pero esperar a qué?, tenemos el entrenamiento intensivo de tres años con Jesús y le hemos visto nuevamente con vida con nuestros propios ojos, ¿esperar a qué, a quién?

Reacción que habría evidenciado un profundo desconocimiento, no sólo de la naturaleza de la misión sino de la propia naturaleza humana. En resumidas cuentas, les quedaba grande la misión. Eran solo seres humanos. Y esa fue una gran realización, darse cuenta de que no podían. Tenían el mensaje, y tenían el entrenamiento. Sabemos que en varias ocasiones Jesús los había enviado de dos en dos en pequeñas misiones de fogueo. Así que tenían el entrenamiento, pero no tenían algo, les faltaba poder. Eran toda una colección de debilidades, entre otras: hablaban uno o dos idiomas, dudas, miedos paralizantes, pobreza, poca o ninguna educación formal, una inadecuada apreciación del verdadero significado del evangelio, egoísmo, soberbia, falta de amor, aspereza, prejuicios, fragilidad física, por mencionar solo algunas. Incluso una mordida de serpiente o un envenenamiento por comida podría haber sido letal para la misión de este pequeño movimiento en ciernes. Por eso les dice, esperen por ayuda, esperen la promesa del Padre y recibirán poder para ser testigos de mi resurrección en todo el planeta.

Frente a un mundo perdido, confundido, y cínico acerca de cualquier posibilidad de bondad auténtica y sino convertido en ateo por la madeja de golpes recibidos; un mundo que es gobernado tras bambalinas por un formidable enemigo frente al que no tenemos opción alguna de triunfo; ¿cómo ser y hacer lo que Jesús espera de nosotros a no ser que se nos capacite sobrenaturalmente? La iglesia es un milagro, nada lograríamos sin el poder del Espíritu. Entiéndalo, nuestra misión es humanamente imposible. No es casualidad que al referirse a su partida Jesús la describa así: les conviene que yo me vaya.

El ministerio del Espíritu Santo es lo mejor que podría habernos pasado, incluso mejor que aquello que parecería insuperable - estar en la presencia física de Jesús. Afirmación que debió moverle el piso a todos ellos como una difícil de creer. Y debería movérnoslo también a nosotros. ¿Qué era lo que haría que la tristeza y la decepción ligadas a su partida estuvieran completamente fuera de lugar? ¿Qué es lo que realmente significaría para todos nosotros la ausencia física de Jesús que lo hace a este celebrarla? ¿Con qué grandes retos de nuestra precaria condición humana tendría ello que ver, que de pronto sería indudablemente lo más conveniente?

Entienda esto bien, el Espíritu Santo es infinitamente relevante para nuestra condición humana, situación histórica y misión. F.F. Bruce dice: "el Espíritu Santo no es guía y ayuda para personas atravesando un camino fácil, perfectamente capaces de manejarlo solas. Él viene para asistir a personas atrapadas en el grueso de la batalla, y en medio de pruebas más allá de sus fuerzas."

En Hechos observamos que desde Pentecostés cada nuevo creyente era invitado a pedirle a Dios que le llenara con su Espíritu. Si ustedes aún siendo malos (había enseñado Jesús) saben dar buenos regalos a sus hijos, cuanto más vuestro padre celestial no les dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan. El secreto de la vida Cristiana es el Espíritu Santo habitando en el cristiano dándole poder para ser y para hacer - el fruto del Espíritu y los Carismas (o regalos) del Espíritu. Esto no es algo que podamos ganar ni es algo que podamos merecer, sólo podemos recibirlo como el regalo que es - pidiéndolo al Padre por los méritos de su Hijo Jesús. Esa nueva vida llena de justicia que el Espíritu Santo viene a potenciar en uno, resulta solo gracias a Jesús. Verás, no puede haber Espíritu Santo en nosotros a no ser por la obra de Cristo. Es imposible porque somos desesperadamente pecadores. Un Dios así de santo no puede tener algo que ver con alguien así de vil. Antes tiene que limpiarlo y expiarlo; tiene que purificarlo por medio de Jesús. Solo entonces podremos tener a Dios residiendo en nosotros, todo Dios, sin reservas. Depositando así en ti y en mí todos estos nuevos deseos por lo correcto, y el poder para llevarlos a cabo. Mi santidad es una persona viviendo dentro de mí, convenciéndome y habilitándome momento a momento para desear y hacer la voluntad de Dios. Y es que Dios te ama tal como eres, mentiroso, egoísta, adúltero, arrogante, homosexual, codicioso, lujurioso, asesino, pero te ama tanto que no va a dejarte igual.

A.W. Tozer argumentaba que uno no podía ser lleno con el Espíritu Santo y no darse cuenta. Puede que las respuestas varíen pero indudablemente habrá respuesta. En las Escrituras es común ver a los cristianos responsables de la iglesia asegurándose de que todo alegado nuevo creyente efectivamente tuviera al Espíritu Santo. Y de no ser así enseguida procedían a orar por ellos justo allí, pidiendo con ellos y por ellos al Padre para que les llenara con su Espíritu Santo, gracias exclusivamente a la obra redentora de su Hijo. Solo oraban ¡pidiéndolo!, confiando en que Dios haría buena su promesa. Ningún mérito personal era requerido, ningún esfuerzo humano ni mucho menos religioso era exigido, solo Jesús, y presto el Padre cumpliría su promesa.

El Espíritu Santo es el secreto de la vida Cristiana. Él está supuesto a ser mucho más que una doctrina que conocemos o defendemos. No podemos ser cristianos en nuestras propias fuerzas, necesitamos poder, y lo primero que tiene que pasar en cualquiera que pide cualquier cosa es darse cuenta de cuánto la necesita. En la Alianza llamamos a eso la CRISIS de la santificación. Ese momento en el que uno realiza cuan débil en realidad es, tanto para ser cristiano como para cumplir la misión Cristiana. Y una vez tocamos fondo pedimos ayuda: Padre lléname con tu Espíritu, te entrego el control de mi vida y de toda circunstancia en mi vida que tan ávidamente pretendo fútilmente controlar. Admito que no sé, no tengo y tampoco puedo; pero tú siempre puedes, tienes y sabes. Lléname con tu Espíritu Santo, inúndame con tu perfecto amor, ayúdame a recordar que tú tienes cuidado de mí, y que eres bueno y competente para el trabajo aún cuando a veces no se sienta así.  Y una vez eres lleno, enseguida sigues pidiéndoselo, porque sigues necesitándolo. Nuestra santidad es una persona viviendo en nuestro interior. Una persona que goza de toda nuestra confianza. Una persona que es como un río de agua potable que sacia toda nuestra sed. El secreto de cómo estoy supuesto a vivir mi vida, ¡ES UNA PERSONA!